Desde la Obra Social San Juan de Dios, trabajamos por una sociedad más inclusiva y justa donde la dignidad de la persona esté por encima de su origen, educación o identidad sexual. Hoy en el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo queremos lanzar un mensaje de esperanza y concordia para que entre todos hagamos de este mundo un lugar hermoso en el que todos convivimos.

Una sociedad que integra la diversidad y la diferencia es una sociedad rica en valores y culturas. Sin embargo, muchas veces, el proceso de individualización que estamos viviendo nos hace perder el sentido de comunidad y no ver la necesidad de quien tenemos al lado. Luchar contra la exclusión social de las personas por su origen, etnia, raza, identidad sexual, género o educación es un reto muy importante que trabajamos desde la Obra Social San Juan de Dios para construir una sociedad integradora que valore la diversidad y la diferencia.

Hacer frente al rechazo y a la discriminación

“En el albergue de San Juan de Dios atendemos con todos los recursos y servicios necesarios a personas con el rasgo común de vivir una situación de calle, pero de orígenes y culturas muy diversas.” explica Marta Rodríguez, trabajadora social del Albergue San Juan de Dios quien coordina la programación de los talleres de sensibilización y formación que reciben trabajadores, voluntarios y alberguistas para aprender a hacer frente al rechazo y a la discriminación en espacios grupales. “Abordamos la realidad desde una mirada que gestiona la diferencia y la diversidad. Con la formación queremos evitar situaciones de discriminación hacia personas de colectivos más vulnerables y que se encuentran en situación de exclusión social”, concluye.

Cuando tu identidad sexual es causa de exclusión social

Esta iniciativa de la Obra Social para fomentar la tolerancia, pone sobre la mesa la necesidad de visibilizar temas tabú para la sociedad. Es el caso de Valentina, una mujer transexual de 24 años que lucha cada día contra los prejuicios sociales que hay hacia su colectivo: “Estar en una situación como la mía acarrea tener la obligación de educar constantemente a tu entorno porque hay mucho tabú. Una persona transexual también puede trabajar detrás de la barra de un bar, como cuidadora de niños o ancianos, puede formarse y, en definitiva, puede salir adelante y no tiene por qué resignarse por su condición sexual, ni caer en el sinhogarismo o la prostitución”, explica.

Desgraciadamente, este es el caso de su compañera Jade, una mujer transexual de 42 años que vivió en la calle hasta que entró en el programa LGTBI de la Fundación San Martín de Porres. “Mi situación ha sido muy difícil. Pasé miedo y he sufrido situaciones de agresión sexual. Ahora soy optimista y busco trabajo”. A pesar de que tanto Jade como Valentina cuentan con un sistema de protección que cubre sus necesidades básicas y les permite avanzar en el alcance de una vida digna, no podemos olvidar que también es fundamental seguir sensibilizando en la creación de una sociedad con redes de apoyo ciudadano y que, sobre todo, denuncie y visibilice todo tipo de discriminación.

Y es que, la condición sexual es, hoy en día, una causa del sinhogarismo. Según el último estudio de FACIAM sobre las personas LGTBI sin hogar en la Comunidad de Madrid, el 74% han sufrido delitos de odio como insultos y amenazas, agresiones físicas, sexuales o robos. El 25% de las personas LGTBI sin hogar no tienen trabajo, mientras que el 7% ejercen la prostitución para poder subsistir. Las mujeres trans son las más discriminadas y casi el 40% de ellas no superan los 35 años. Son datos alarmantes que no podemos ignorar.

Nadie debería vivir en la calle

La Obra Social de San Juan de Dios, a través de sus albergues para persona sin hogar en Madrid, dio cobijo en 2020 a más de 900 personas sin techo. En España, unas 40.000 personas viven en situación de sin hogar. La rotura de sus redes sociales y familiares les empujan a la soledad y la exclusión social.

En San Juan de Dios trabajamos para que la sociedad tome conciencia de que nadie debería vivir en la calle. Acabar en la situación de calle, puede pasarle a cualquiera de nosotros. La suma de una serie de infortunios que nos podrían suceder a cualquier persona: pérdida del trabajo, malas condiciones laborales, disminución de recursos económicos, reducción de la red social… Son muchas las personas que nos necesitan y gracias a las aportaciones de personas como tú podemos estar a su lado. Ahora más que nunca, Hospitalidad. Tu apoyo ahora es más necesario que nunca.