Hoy celebramos el Día Mundial de la Justicia Social y lo hacemos con un invitado de lujo, Fernando Jáuregui (Santander, 1950) considerado uno de los principales especialistas españoles en periodismo político. Hablamos con el periodista sobre justicia social, desigualdades y derechos humanos.

¿Qué es para ti la justicia social?

Para mí la justicia social significa un principio básico de equidad, de no distanciamiento entre los seres humanos. La igualdad absoluta es imposible, no soy utópico, pero la desigualdad tan lacerante que vivimos también es imposible; o debería serlo. Estamos muy lejos de lo que a alguien como a mí le gustaría, e imagino que, como a todo el mundo.

¿Consideras que la sociedad española es solidaria?

Hemos aplaudido a los sanitarios y a otros colectivos que han estado al pie del cañón durante la pandemia, perfecto. E incluso en lo personal, aplaudo a mis compañeros de medios de comunicación, que están jugando un papel muy importante procurando salir todos los días, que no es fácil. No es fácil mantener un periódico de papel con los quioscos cerrados. Yo creo que sí hay una parte de la sociedad, no siempre sus representantes, que está cumpliendo con su deber o que sí estamos cumpliendo con nuestro deber. O quiero pensarlo.

¿Qué crees que podemos aportar cada ciudadano para conseguir la justicia social?

Deberíamos ejercer una vigilancia sobre nosotros mismos. ¿Qué significa esto? Cuidar de que nuestros peores sentimientos no afloren o lo hagan lo menos posible. Abandonar el griterío intolerante. Señalar el egoísmo que se está demostrando a nivel nacional. Las personas egoístas, cortoplacistas y miopes que se están colando en la vacunación, me parece una muestra de una falta de solidaridad verdaderamente lamentable. Tenemos que levantar la cabeza, mirar al de en frente y mirarle a los ojos. Y tocarle en el hombro y dejar nuestro hombro para que llore. Recuperar al individuo y no a la masa.

¿Cómo podemos construir una sociedad más solidaria?

Poniendo a la persona en el centro. Yo he vivido en otros países donde notas que el ciudadano, la persona, es el centro de la acción del gobierno. Poner el acento en el individuo se hace muy pocas veces. Y por supuesto, se está reflejando también en el tema de las vacunas. Para mí es muy grave es que no se ponga el acento en el ciudadano, en cada uno de los ciudadanos, y sí lo hagamos en los números. Me preocupa mucho caer en la frialdad de los datos y no en el valor humano del que está sufriendo el tortazo de todo esto.

¿Cómo podemos afrontar como sociedad el futuro de nuestros mayores?

Los mayores son los primeros. Los primeros por muchas razones pero la primera, porque se lo merecen. Si vivimos como vivimos, si tenemos lo que tenemos, es gracias a ellos. A ver si ahora nos vamos a engañar. Son los primeros porque se lo debemos y porque es de justicia.

¿Cómo crees que ha afectado esta situación a los colectivos más vulnerables?

Desgraciadamente, hay perfiles de la pandemia cuya tragedia todavía no conocemos en toda su dimensión. La transparencia es uno de los signos de la solidaridad también. Yo soy solidario con el ciudadano y le informo, porque el ciudadano tiene derecho a estar informado de cuándo va a ser vacunado, de qué posibilidades tiene, de cuántos muertos ha habido,… Yo creo que la información ha sido una faceta de la solidaridad que hemos practicado bastante poco, esa transparencia.

¿Crees que la pandemia ha puesto en valor la importancia del bien común?

No. Creo que la pandemia ha puesto en valor la importancia que para algunos tiene el egoísmo. No puede ser que el mundo rico esté pudiendo vacunar a su población o tenga perspectivas de hacerlo, mientras que los países en desarrollo tienen una lejana esperanza de vacunación. En el mejor de los casos, estamos hablando de 2025. Esta es una situación absolutamente intolerable.

Y tú personalmente, ¿cómo la estás viviendo?

A mí la pandemia me ha dejado vacío, lo reconozco, me ha dejado vacío por dentro. Cada día me vacía un poco más. Si se han acabado los abrazos, algo hemos perdido.

En 2019, fuiste nuestro padrino de honor en el mercadillo navideño del Hospital de Santa Clotilde, en tu tierra. ¿Cuál es el vínculo que te une a la Orden de San Juan de Dios?

Yo os admiro y colaboro en lo que puedo con la Obra. Quiero felicitaros de verdad por la actuación que hacéis. A vosotros y no solamente a vosotros, porque creo que hay mucha gente que está haciendo muchas cosas. Es verdad que he hablado de la insolidaridad, pero hay una parcela de la sociedad dedicada a la solidaridad que realmente merece el aplauso. Y creo que todos, y yo el primero, por supuesto, deberíamos colaborar muchísimo más, dedicar una parte más sustancial de nuestro tiempo, y de nuestros bienes también, a la colaboración.

Y por último, ¿qué deseo le pedirías al 2021?

Que se acelere la llegada del 2022. El 2021 hay que transitarlo, sobrevivirlo e intentar aprender las lecciones de esta durísima enseñanza que estamos recibiendo. Ninguno hemos vivido antes una situación parecida en nuestras vidas. Y espero que nunca jamás volvamos a vivirla. Sí puedo anticipar que 2022 va a ser mucho mejor. Es más, es posible que la última parte de 2021 sea ya la parte de los besos y los abrazos pero, de momento, hay que reconocer que nos esperan unos meses de travesía de este desierto maldito.

Obra Social de San Juan de Dios

La Obra Social de los Hermanos de San Juan de Dios apoya a miles de personas vulnerables dentro y fuera de nuestras fronteras. Entre otras acciones, apoya cuidando a los enfermos en sus momentos más difíciles, ofreciendo alimentos a familias necesitadas y protegiendo y acompañando a mayores, personas sin hogar, personas con discapacidad, personas con adicciones y personas con problemas de salud mental en nuestros centros.

Son muchas las personas que nos necesitan y gracias a las aportaciones de personas como tú podemos estar a su lado. Ahora más que nunca, Hospitalidad. Tu apoyo ahora es más necesario que nunca.