597 kilómetros de distancia, una furgoneta, dos tutoras, cuatro personas con discapacidad, un mercadillo solidario e historias de superación. Tonia Moldes, Jefa del Área ocupacional del Hogar y Clínica de San Rafael de Vigo, nunca habría podido imaginar el poder transformador de un viaje a Madrid. Ella misma nos cuenta la experiencia.

Corre el otoño de 2018 y el viento arrastra las hojas de los árboles por la sierra madrileña. Nos encontramos en Los Mollinos para las jornadas de inauguración del segundo año de la Escuela de Hospitalidad. Allí está Susana, compañera de estudios que siempre anda pensando en la Obra Social San Juan de Dios. Nos saludamos y me recuerda que para las Navidades volverá a invitar a todos los Centros de discapacidad a la inauguración del tradicional Mercadillo Solidario de San Juan de Dios en Madrid.

Este mercadillo navideño ya dedicó la recaudación del año anterior a programas de integración de las personas con discapacidad intelectual, pero Vigo lamentablemente no pudo acudir a la inauguración ¡Esta vez no nos la podemos perder! Así que aceptamos la invitación y nos embarcamos en el proyecto.

Las fechas de Navidad son complicadísimas porque, aunque nuestra misión principal es la atención a nuestros usuarios, tenemos que enfrentarnos al cierre del ejercicio, el inventariado, la instalación del Belén, la exposición… pero encontramos un hueco para trabajar en el proyecto, nos ponemos manos a la obra y recibimos el completo apoyo del Comité de Dirección del HC San Rafael.

En la furgoneta para el viaje, tenemos cuatro plazas para personas con discapacidad de nuestro Centro. Sabemos que este viaje puede ser transformador, no sólo por las horas de convivencia, sino por las metas que se plantean. La decisión de quién irá no es fácil porque tenemos gran diversidad entre las personas con discapacidad y casi todas con muchas y diferentes necesidades. La finalidad no es desplazarse hasta Madrid, o al menos, no sólo eso. Se trata de crear una experiencia que recordar, un viaje que pase a formar parte de esa mochila que cada uno de nosotros tenemos tanta necesidad de llenar.

Tras algunos miedos y reticencias seleccionamos el grupo de usuarios que viajará. Y, finalmente, tomamos una decisión. En el grupo tendremos a dos viajeros enfrentados por el amor, o el desamor. Después de una larga relación de pareja, uno de ellos se siente “abandonado” porque el otro se ha incorporado de nuevas al Centro y éste último tiene mucho poder de seducción y, además, es la “novedad”.

Otro de los participantes tiene serias adiciones, una persona solitaria que no interactúa con los compañeros del Centro. Suele ir por libre. Este viaje es un gran aliciente para negociar un pacto. Debe conseguir no salir cada día del Centro. Los términos del acuerdo tienen cierta flexibilidad, para permitir que sea realista y que lo pueda lograr ¡Confiamos en él!

Un cuarto participante hará de nexo de unión entre todos. Es un gran mediador, siempre con la sonrisa puesta, le encanta cantar y eso siempre suma en un viaje. Además, junto a los compañeros de los Centros para personas con discapacidad de Gijón, Madrid y Valladolid, en la inauguración se interpretará la canción de Rosario Flores “¡Qué bonito!” y ello requiere de bastantes sesiones de ensayo y alguna que otra videoconferencia de organización grupal. Es genial contar con alguien como él en el grupo.

¡Preparamos nuestras mochilas y nos ponemos en ruta! Los acontecimientos que pasaron en este precioso viaje, os lo cuento en mi próximo artículo: El viaje para la inclusión: Parte II.