Carmen García-Cebrián es voluntaria en el Mercadillo Solidario de la Obra Social San Juan de Dios desde hace seis años. De profesión enfermera, nunca ha dudado en dejarse el alma y la vida por ayudar a quien más lo necesita.

Me llamo Carmen Cebrián y, en la foto, soy la morena de pelo corto y rojo que aparezco entre todos mis compañeros voluntarios del Mercadillo Solidario San Juan de Dios. No hubiera creído a nadie si me hubieran dicho que acabaría en Madrid hace una docena de años.

Hace doce años, vivía en Huelva y trabajaba coordinando al personal de enfermería en ginecología, maternidad y parto cuando a mi marido le ofrecieron un puesto en Madrid. Tras meditarlo mucho, ambos decidimos venirnos a la capital para comenzar aquí una nueva vida.

Cuando llegué a esta ciudad, no conocía a nadie y sentía que necesitaba ayudar de alguna forma a los demás. Conocía el trabajo solidario que desarrollaban los Hermanos de San Juan de Dios y vi que aquí podría hacer una buena labor. Así fue que hace seis años comencé a colaborar en el Mercadillo Solidario de San Juan de Dios.

Durante mi voluntariado, he comprobado que todo ha ido evolucionando siempre a mejor. En mis inicios, pude aprender muchísimo de Ana y Maria José. Ellas llevan la administración de la Obra Social y, en el Mercadillo, hacían de todo sin pedir nada a cambio, poniendo siempre todo su esfuerzo en el asador. Ahora tenemos la suerte de contar con Susana, Coordinadora de la Obra Social y el Mercadillo, una persona muy justa y trabajadora y que ha sabido muy bien llevar este equipo.

Al recordar todo lo que he vivido en este tiempo, la memoria se me llena de innumerables y maravillosos momentos, pero el que más me ha marcado el corazón es la relación con mis compañeras. De todas y cada una de ellas, he aprendido mucho en los ratitos que compartíamos una conversación mientras colocábamos las cosas, cuando nos reíamos con una anécdota de lo que acababa de pasar o al compartir la mirada triste el día que cerrábamos el mercadillo. Al fin y al cabo, la amistad es el alma del voluntariado del Mercadillo Solidario San Juan de Dios.

Soy de las que pienso que la experiencia de voluntariado, dependerá de cómo una lo viva. Pero algo tengo claro: si vienes a ayudar con tu tiempo, esfuerzo y los conocimientos que posees, disfrutarás de cada instante. En mi caso en particular, he comprobado que la mayoría de personas que colaboran en este evento, cada una distinta; cada una de una forma; cada una de un color, han puesto todo de su mano para que el mercadillo funcionara.

Al fin y al cabo, cualquier persona que quiera ser voluntaria tiene que venir con el propósito de hacer el bien a quienes se van a destinar los fondos: personas que necesitan un hogar, con discapacidad intelectual o mayores en soledad, etc. Y es ahí, donde los voluntarios del Mercadillo ponemos todos nuestros conocimientos para que sea una bonita reunión entre todos: una reunión de amistad donde damos el alma y la vida en lo que hacemos.

Este año los fondos del mercadillo iban destinados a acompañar a mayores que se encuentran solos. Una situación que no para de crecer en nuestro país. Haz un donativo o hazte socio y ayuda a algunos de los dos millones de ancianos que viven solos en España.