El Ecónomo de la Orden Hospitalaria Hermanos de San Juan de Dios-Provincia de Castilla, el Hermano Ángel Medina, nos habla del impacto de la crisis de la COVID-19 en los colectivos más necesitados. En estos momentos de crisis destaca, por encima de todo, la importancia de la Solidaridad, “de dar, dar y dar” a quien más lo necesita. Nos recuerda que no podemos bajar la guardia y hace un llamamiento a la responsabilidad y el compromiso frente a los nuevos rebrotes.

¿Cuáles son las necesidades sociales a las que vamos a tener que hacer frente como consecuencia de la crisis económica y social provocada por la COVID-19?

Quizás comenzaría afirmando que nos encontramos más bien antes una crisis económica que conlleva a una crisis social o mejor dicho, agudiza la crisis social ya existente en España. Por desgracia, la desigualdad siempre existirá en nuestro país, como ha existido en todas las culturas y en todos los tiempos. Pero una desigualdad con la garantía de mínimos básicos, siempre será más llevadera que una desigualdad extrema, donde las palabras, solidaridad, compartir, ayudar, respetar, etc., pasen a un plano efímero. La pandemia de la COVID-19 ha sacado a la luz la fragilidad social y la escasez de recursos, manifestada en la ineficiencia de políticas sociales que se han venido aplicando “para salir del paso” que, si bien tienen una función, son limitadas y dejan a su suerte a las personas necesitadas. Buenas intenciones, pero escasa base sólida.

Está claro que la primera necesidad fundamental manifiesta, es la alimentación. Pero no es la única. Nuestra sociedad está configurada en forma pirámide; si no tengo trabajo, no tengo ingresos económicos; si no tengo ingresos económicos, no tengo acceso a cubrir mis necesidades básicas y si tengo que priorizar, evidentemente la alimentación es lo primero. Es mera supervivencia sin perspectivas de futuro.

Además, esta pandemia agudiza otras necesidades de ámbitos de los cuales solemos huir. Y me refiero a la necesidad de acompañamiento; de sentirse querido; de sentirse protegido; de sentirse persona integrada en la sociedad y no marginada. Pienso en nuestros mayores; en las personas que lo han perdido todo, y en aquellos que no pueden estar atendidos como se merecen.

Hemos visto un aumento en el número de familias que solicitan ayuda para alimentos ¿Cuáles son los retos de futuro para atender a las familias que más lo necesitan?

Sapere Aude, debemos ser valientes para pensar los retos de futuro. No se trata simplemente de dar sin más, sino guiados con una política de acompañamiento que ayude a las personas a salir de la situación en la que se encuentran.

Mientras tanto, dar, dar y más dar; o solidaridad, solidaridad y más solidaridad. En la Institución contamos con experiencias positivas de esta solidaridad como facilitar alimentos de forma altruista; crear “economatos sociales” para ofrecer alimentos básicos a bajo precio, entre otras. Todas ellas, siempre con el acompañamiento de profesionales que conocen la realidad de cada familia e identifican otras necesidades que son también importantes cubrir.

En este sentido ¿Qué consideración le merece la renta mínima vital?

Esta pregunta puede suponer, a simple vista, intentar meterse en arenas movedizas más bien políticas, pero aportando una respuesta rápida sin mucha reflexión, es evidente que SÍ, todas las personas en necesidad deberían contar una renta mínima vital. Pero no todas las preguntas tienen que ser un sí o un no, sino que requieren de reflexión más profunda. Considero que la renta mínima vital debe estar acompañada de estrategias en términos de eficiencia que sirva para ayudar a las personas a avanzar en el medio/largo plazo. Es importante hacer un seguimiento para valorar la evolución y la necesidad de prorrogar o no esa renta en función de los esfuerzos y logros que se vayan consiguiendo.

Durante la pandemia, nos decían “Quédate en casa” pero muchas personas no tienen casa donde vivir. ¿Cuáles son las medidas que se deben llevar a cabo para proteger a este colectivo?

Contamos con una amplia experiencia en el abordaje de las necesidades de este colectivo. Más del 28% de las personas sin hogar de Madrid son atendidas en nuestros Albergues. Tres de cada cinco personas que duermen en dispositivos para personas sin hogar, lo hacen en algún recurso de San Juan de Dios. Nuestra Obra Social en la Provincia de Castilla destina al año casi 900.000€ en la atención a personas sin hogar y en riesgo de exclusión social. La COVID-19 ha hecho que uno de nuestros Albergues tuviese que ampliar sus servicios para convertirse en hogar permanente durante el confinamiento. Conocemos de primera mano las necesidades y dificultades de estas personas.

Es difícil valorar medidas perdurables en el tiempo, pero está claro que la mejor manera para proteger a estas personas pasa por disponer de un mayor número de dispositivos, bien de forma permanente o preventiva para, en caso de emergencia poder dar respuesta inmediata. Por desgracia, visto lo sucedido en el ámbito sanitario, me temo que esta necesidad será una de las últimas prioridades, incluso a pesar de que la propia Constitución ampara el derecho a la salud y a una vivienda digna.

Por nuestra parte, seguiremos luchando y dando visibilidad a este colectivo como venimos haciendo con profesionalidad y espíritu crítico pero, sobre todo, con generosidad sin olvidarnos que mañana cualquiera de nosotros se puede encontrar en la misma situación.

Otros colectivos vulnerables también se han visto muy afectados, como son las personas mayores que han sufrido la soledad y el abandono. ¿Qué nos ha hecho ver esta crisis en el trato a nuestros mayores?

Nuestros mayores han sufrido especialmente esta crisis por dos motivos: primero por la vulnerabilidad de la edad y segundo, por no estar suficientemente preparados para afrontar el aislamiento forzoso. Y me explico…

La vulnerabilidad de la edad ha traído consigo mayor propensión a sufrir los efectos de la COVID-19. Si a esto sumamos el aislamiento, se ha configurado un cóctel fatal para nuestros mayores, ya de por sí muy afectados por otro virus como es el de la soledad. Esta es realmente la pandemia que han venido sufriendo y que la nueva situación sanitaria ha contribuido a extender.

Lo que me gustaría dejar claro es que no ha sido un problema de nuestras Residencias de ancianos. Desde mi opinión, se trata de un problema sanitario para el cual nuestras Residencias no están preparadas y que, además, tampoco creo que deban estarlo. Una Residencia de ancianos debe ser lo más cercano posible a un hogar familiar y no a un Hospital. Por tanto, no puede tener ni los mismos medios y ni la misma operatividad de emergencia. Si queremos que pasen a ser Residencias “medicalizadas”, dejarán de ser un Hogar y la atención sanitaria primará frente a otras necesidades. Además, habría que preguntarse ¿Cuál sería el coste para que una persona en régimen privado pueda afrontarlo? Imposible y más cuando ya de por sí los costes de una Residencia, con la mayor confortabilidad y mejor atención, son realmente muy elevados.

Volviendo a la pregunta. Esta pandemia ha traído mucha soledad y abandono de nuestros mayores, tanto a los que viven en residencias, como a los que viven solos en sus domicilios y que se vieron privados de las relaciones familiares o sociales. De ahí que nuestra Obra Social, impulsara el acompañamiento telefónico a los mayores más próximos a nuestra Institución, siempre respetando la voluntad de la persona y la protección de datos. Una iniciativa que ameritaba implementar de forma urgente y como antesala del proyecto “No estás solo” que estábamos gestando antes de comenzar la pandemia, alertados ya por el gran número de personas mayores que viven solas en sus casas sin apenas contacto con nadie. Esperamos en breve retomar nuestro programa y seguir ofreciendo la compañía que nuestros mayores necesitan y se merecen.

Son muchos los héroes que han ayudado en esta crisis. ¿Cómo valora la labor de los trabajadores sanitarios y sociales de San Juan de Dios?

Mi primer sentimiento es de admiración. Tanto nuestra Institución, como yo, no tenemos palabras para alabar el trabajo profesional, la dedicación, la entrega y la buena voluntad que han derrochado nuestros profesionales de los cuales estaremos infinitamente agradecidos. Muchos opinarán que va inherente en su profesión, pero ellos han dejado patente ese plus que solo profesionales realmente vocacionados pueden demostrar. En el futuro, jugarán aún un papel más importante si cabe, porque un buen profesional aprende rápido, sobre todo, de las situaciones adversas.

La sociedad española ha demostrado también una gran solidaridad ¿Qué opinión te merece?

Es muy simple, nuestra sociedad ha demostrado una vez más su generosidad, corazón y solidaridad. Tenemos que estar orgullosos de la respuesta de la población; los españoles siempre respondemos “con nota”. Les quiero dar las gracias a todos por las iniciativas que han surgido; por la ayuda desinteresada; por el apoyo que nos brindan conscientes de que lo emplearemos realmente en las necesidades. El apoyo y la colaboración de la sociedad es ahora más necesaria que nunca.

Sin embargo, no podemos bajar la guardia ante los nuevos rebrotes y debemos seguir siendo responsables, sobre todo, pensando en nuestros mayores pues repetir la misma situación vivida, sería un desastre para toda la sociedad en general. Necesitamos reforzar la llamada a la responsabilidad y el compromiso de todos los españoles.

Finalmente, si pudiera pedir un deseo para la nueva realidad ¿Cuál sería?

El deseo que pediría, sería que nuestros gobernantes tomaran consciencia empírica de la situación y se apoyen en las Instituciones que estamos en primera línea, al pie del cañón, sin ningún interés crematístico. Que faciliten las medidas necesarias para paliar la vulnerabilidad de nuestra Sociedad.

Y ya puestos, un segundo deseo sería que podamos seguir contando con los recursos necesarios utilizando una frase de nuestro Santo Fundador, San Juan de Dios, “haceos bien a vosotros mismos para poder seguir cercanos a la sociedad más vulnerable.